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Jóvenes refugiados aprenden a tejer enseñados por sus ancianos


Casi 1,800 refugiados de Birmania viven en el Condado de San Diego. Los refugiados de la tercera edad quienes tienen dificultades para aprender inglés pueden permanecer aislados. Una clase llamada Homespun donde las personas de la tercera edad enseñan el arte de tejer está ayudando a crear vínculos entre jóvenes y ancianos. | Video por Megan Burks

por Megan Burks

Hace seis años, April Moo, 22, llegó con su familia a San Diego proveniente de un campo de refugiados en Tailandia. Ellos se establecieron en un departamento en City Heights provisto por el Comité International de Rescate.

“Recuerdo que estábamos muy emocionados porque, desde luego, el edificio y todos los utensilios de la cocina, la cama y el sofá eran nuevos para nosotros”, mencionó Moo. “Nunca los había visto excepto en películas”.

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April Moo utiliza un telar casero para tejer una mascada Karen tradicional. 25 de agosto de 2014 | Foto por Megan Burks

Moo es una Karen, una minoría étnica en Birmania. Los rebeldes de Karen y otros grupos étnicos han luchado por una mayor autonomía del gobierno de Birmania durante 65 años generando violencia en la Villa Karen localizada en la esquina sureste del país, también llamada Myanmar. Sus padres cruzaron la frontera hacia Tailandia en 1983 por lo que ella nació en el campo de refugiados donde permaneció hasta la edad de 15 años.

“Es difícil vivir en el campamento porque vives la vida como un pájaro en una jaula”, mencionó Moo.

En San Diego, Moo sintió que extendió sus alas. Ella fue la primera persona de la comunidad local Karen en graduarse de la preparatoria y aspirar a un título universitario. Sin embargo, ella mencionó que el sentimiento del pájaro encerrado en una jaula no se desaparece tan fácilmente para los padres y abuelos Karen quienes no se adaptan rápidamente a la vida en los Estados Unidos.

Ella está trabajando con la Organización Karen de San Diego ayudando a los refugiados mayores de Karen a sentirse parte de la comunidad. Ella junta a jóvenes una vez a la semana para tomar una clase de tejido reclutando a las personas de la tercera edad para que impartan la clase. El programa se llama Homespun y es el lugar donde los 1,800 refugiados de Birmania que viven en San Diego crean vínculos.

Con frecuencia, la barrera del idioma es el mayor desafío que enfrentan los refugiados, especialmente los miembros más viejos de la familia quienes se pueden aislar y deprimir porque no hablan inglés.

Los jóvenes refugiados aprenden inglés mucho más rápido que los adultos ya que están expuestos totalmente al idioma inglés desde el momento en que pisan el campus de una escuela aquí. Muchos padres terminan dependiendo de los hijos que hablan inglés por lo que los jóvenes toman el liderazgo en las conferencias de los padres con los maestros, en las citas médicas y hasta en el momento de hacer mandados. Con frecuencia, la barrera del idioma evita que obtengan un trabajo.

Los expertos en salud mental dicen que muchos de los refugiados de la tercera edad experimentan aislamiento por el idioma resultando en depresión y ansiedad.
El lunes pasado, en las oficinas de la Organización Karen localizadas en University Avenue, una mujer de mediana edad enseña a una joven adolescente a utilizar el telar tradicional. Le da pena ser el centro de atención pero su voz es casi tan delicada como el tapiz que teje.

La técnica consiste en apisonar hilos de distintos colores de manera alternada en un patrón de encordado cerrado. A diferencia de los telares verticales, los Karen unen su hilo base a un objeto pesado –en este caso, las mesas plegables— y sostienen el otro extremo del aparato alrededor de sus cinturas usando con frecuencia un cinturón hecho de bolsas de arroz recicladas. Una serie de clavijas de madera de la tienda de manualidades y un tubo de PVC separan las capas de hilos brillantes para crear el patrón.

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Grace Michel, cuya madre es una Karen, da la bienvenida a jóvenes del círculo de tejido semanal en la Organización Karen de San Diego localizada en University Avenue. 25 de agosto de 2014. | Foto por Megan Burks

Grace Michel, fundadora de la organización, dijo que ella comenzó el programa con la intensión de establecer microempresas para que las mujeres Karen vendieran sus tapices. Todavía no están en ese punto pero Michel dijo que están empoderando a las mujeres de varias maneras.

“Este es un lugar donde se reconoce ampliamente que los ancianos tienen algo que enseñar”, mencionó Michel. “Ellos están en un espacio donde son tratados como sabios, como usted sabe, tratados como los que tienen el conocimiento y habilidades”.

Michel mencionó que, hasta el día de hoy, ha reclutado unas pocas mujeres como instructoras regulares pero espera ver el crecimiento del componente intergeneracional. En la actualidad, una docena de jóvenes se presentan para tejer.

“Para ser honestos, todavía es difícil sacar a las mujeres de sus hogares, mencionó Michel. “Sin embargo, pienso que las mujeres que se han involucrado están muy complacidas al ver que la juventud está interesada en aprender y que la tradición está viva todavía”.

Además hay una sensación de tranquilidad añadida para los jóvenes estudiantes quienes asumen la responsabilidad y sienten el estrés a temprana edad para ayudar a sus padres refugiados.

“Ellos se enfrentan constantemente con la parte transcultural y de traducción”, mencionó Michel. “Por todo ello pienso que es muy bonito tener un espacio que es diferente para sus mentes”.

La relación tradicional madre e hija puede cambiar algunas veces pero, por lo menos, una vez a la semana durante la clase de tejido, todo está en el lugar correcto. Los niños son los aprendices y los ancianos son los maestros.

 

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