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Nutriendo el corazón, una comida a la vez

Mama2-800x445Voluntarios de Mama’s Kitchen, con sede en City Heights, preparan y entregan comidas gratis cada semana a 350 clientes que viven con SIDA o cáncer.

Por Jeremy Ogul
Logo for City Heights Life

Poco después de haber sido diagnosticada con cáncer de mama en el 2010, Ellie Ramos comenzó un tratamiento que incluyó varias cirugías y agresivas rondas de quimioterapia y radiación. Los efectos secundarios fueron atroces. Encontrar la energía para preparar una comida saludable para ella y para su hija adolescente era imposible.

“La fatiga que sientes es increíble”, dijo Ramos. “Solo tenía energía para esta de pie durante unos cinco minutos y eso era apoyándome en el mostrador.”

Eventualmente llegó a Mama’s Kitchen, organización de caridad con sede en City Heights que entrega comidas preparadas gratis a hombres, mujeres y niños afectados por el SIDA o cáncer que de otra forma serían víctimas del hambre. Los voluntarios no solo prepararon y entregaron comidas a Ramos tres veces por semana, también incluían comida para su hija. Un voluntario incluso trajo galletas para el perro de la familia.

“Eso me sorprendió mucho”, dijo Ramos. “La paz mental que sintió mi hija al poder ir a la escuela y concentrarse en aprender sin tener que preocuparse de su madre en casa fue una bendición.”

Mama’s Kitchen, que celebra su 25º aniversario este año, ha estado radicada en City Heights desde el 2011. En un remodelado edificio industrial ubicado cerca de la Avenida Home, en Fairmount Park, los voluntarios se reúnen diariamente para preparar y llenar las bolsas de comestibles para los clientes que no se sienten lo suficientemente bien como para preparar sus propias comidas.

“Realmente me emociona pensar en Mama’s Kitchen, porque llegaron a mi vida en un momento en el que estaba perdiendo la fe y me ayudaron a reajustar esa perspectiva”, dijo Ramos.

No es la única. Todos los lunes, miércoles y viernes, los voluntarios de Mama’s Kitchen entregan comidas a 300-350 clientes en todo el condado. La mayoría de sus clientes viven en la Ciudad de San Diego, pero algunos viven en lugares tan remotos como Dulzura, Alpine, Ramona y Oceanside.

Mama’s Kitchen abrió sus puertas como un esfuerzo de base para abordar la crisis del SIDA. Más de 1,000 residentes del Condado de San Diego habían muerto debido a enfermedades relacionadas con el SIDA y miles más morirían en los próximos cinco años. Los voluntarios que trabajaban con la comunidad gay se dieron cuenta de que muchas personas con SIDA estaban muriendo de desnutrición.

“Muchos de ellos eran hombres gay solteros que no tenían un sistema de apoyo”, dijo Alberto Cortés, director ejecutivo de Mama’s Kitchen que trabajaba con el Proyecto AIDS San Diego en ese entonces. “Su vulnerabilidad a pasar hambre era muy alta.”

Laurie Leonard, cuyo hermano fue víctima de la epidemia, organizó a un grupo de voluntarios para llevar comidas caseras a las personas enfermas de SIDA. La madre de Leonard, Edie, inspiró el nombre Mama’s Kitchen.

En 1995, los doctores comenzaron a prescribir un nuevo tratamiento antiviral que dramáticamente mejoró la salud y prognosis de las personas afectadas por el VIH y el SIDA. Como resultado, la demanda por los servicios de Mama’s Kitchen se redujo gradualmente. La junta directiva de la organización decidió en el 2006 expandir su misión e incluir a personas afectadas por SIDA o cáncer. Cerca del 80% de las comidas que entregaron el año pasado fueron destinadas a personas enfermas de SIDA, el otro 20% fue para personas con cáncer.

Cortés señala que entregar las comidas no se trata solo de ayudar a los enfermos a satisfacer sus necesidades nutricionales.

“La comida también les dice que alguien se preocupa por ellos”, dijo.

Mama’s Kitchen se mudó a City Heights cuando su contrato de arrendamiento en el sótano de una iglesia ubicada en Bankers Hill expiró después de 17 años.

“Hicimos todo lo que pudimos en ese edificio”, dijo Anne Garger, chef ejecutiva que ha estado a cargo de la cocina desde 1996.

La junta directiva decidió mudarse a City Heights porque el mercado inmobiliario era menos costoso y era fácil acceder a la Interestatal 805 y las Rutas Estatales 94 y 15. Los 11,000 pies cuadrados del edificio que compraron en la Avenida Home tenía más del doble del tamaño del sótano en que estaban ubicados y contaba con suficiente espacio para oficinas, despensa de alimentos, espacios para conferencias y salones de clase, un área para cargar las entregas y una espaciosa y moderna cocina comercial.

En el mismo edificio en City Heights, Mama’s Kitchen también opera Mama’s Pantry, a través de la que entregan comestibles gratis a más de 800 personas de bajos recursos afectadas por el HIV o SIDA en el Condado de San Diego cada año.

Cocinar para 300-350 personas al día no es tarea fácil, pero los 20 años que pasó Garger cocinando en la Armada la prepararon bien para el reto.

“Fue realmente la práctica perfecta para este trabajo porque aprendí a cocinar comidas abundantes, buenas y nutritivas que tienen buen sabor, comida ‘como la de mamá”, dijo Garger.

El menú, que rota en un ciclo de seis semanas, ha sido diseñado para satisfacer 100% de las únicas necesidades nutricionales de los clientes. Por ejemplo, las personas con SIDA usualmente tienen problemas para absorber la proteína, por lo que las comidas de Mama’s Kitchen son altas en proteína. Muchos clientes toman medicamentos que hacen que sus papilas gustativas sean más sensibles, por lo que Garger se asegura de no añadir muchos condimentos a las comidas. Algunos no toleran la leche, otros no pueden comer carne de puerco, algunos son vegetarianos y otros no pueden comer tomates. Esto hace que el trabajo de Garger sea más complejo.

Mama’s Kitchen envía una encuesta a sus clientes una vez al año para conocer su opinión del menú.

“En su mayoría los clientes agradecen lo que les enviamos”, dijo Garger.

Las encuestas consistentemente revelan que los platillos favoritos de los clientes son pollo frito al horno, pastel de carne y carne rostizada servida sobre fideos—lo que Garger llama “comidas reconfortantes”.

Con un personal de solo 12 empleados, muchos de los cuales se encargan de asuntos administrativos como recaudación de fondos y finanzas, Mama’s Kitchen depende casi por completo de los voluntarios que preparan, empacan y entregan las comidas. Las horas que trabajan los voluntarios y las millas que conducen representan más de un millón de dólares al año. La mayor parte del presupuesto de la organización proviene de donaciones individuales y de fundaciones.

“Tenemos suerte. Durante 25 años hemos podido brindar este servicio gracias a la generosidad de nuestros donantes y voluntarios”, dijo Garger.

En septiembre, la organización celebrará sus bodas de plata y espera recaudar $500,000—la mitad de su presupuesto anual para comida. Para más información, visite mamaskitchen.org.

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